Por Juan Carlos Alongi y Atilio O. Diorio
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Hace unos pocos años, se radicó temporariamente en Mercedes un músico ya jubilado del Teatro Colón.
Integraba en su momento como violinista la Orquesta Estable de tal teatro y nos narró (entre otros episodios) la inefable experiencia de participar ejecutando dos óperas acompañando al egregio tenor Luciano Pavarotti.
Consignamos que el no acordarnos de su nombre, no obsta a su muy feliz recuerdo. En el caso de estos renglones, se empina el subrayar su permanente entusiasmo por todo lo que sea música.
Al punto que su pasión accedía a admirar el canto gardeliano. Así fue como nos transmitió este segmento de su estadía en Francia: durante cerca de un mes vivió en Toulouse (ciudad donde advino al mundo Carlos Gardel).
Así pudo acceder a la documentación avalante de las circunstancias personales del «Zorzal criollo». Se impone de entre ellas, señalar la visita que le realizó el Director del Teatro Lírico «Coliseo» de Roma, por la que le invitó a incorporarse como tenor al elenco permanente de tal centro de arte mayor.
Gardel no aceptó el invite porque optó proseguir con el entorno sociológico del 2 por 4.
Es dable adjudicar plena autenticidad al relato de nuestro por esas jornadas ilustre interlocutor. Y por su corolario, proceder a divulgarlo.
Llegados a esta altura, nos hallamos frente a un artículo que La Nación del sábado 21 de junio del corriente año, difundió en atingencia a nuestro máximo cantor popular. Lo plumeó Marcelo Gobello y se intitula «Gardel. La noche que le hizo tocar el ukelele al príncipe de Gales».
Es una nota tan bien ensamblada y tan reflejo de la realidad, que a todo aquel que aunque mínimamente se interese por esta temática, insinuamos interiorizarse de ella.
Así las cosas, el Hado nos acerca otra glosa referible a nuestro más brillante cantor popular. Y que aspiramos a engarzar en estas líneas: el día 24 de junio ppdo, se cumplió 90 años del óbito de Gardel. Por su corolario, radialmente se divulgó charlas acerca de este egregio personaje. Así fue como con total solvencia el reconocido historiador Eduardo Lázzari, allegó datos que cubren el iter vital de nuestro máximo cantor popular y estupendo letrista.
El hilvanado de acaeceres atinente a Gardel obrantes con precedencia, vuelve a recepcionar un nuevo aporte. Se edifica él con un opus que nos lo presenta la Sección Conversaciones del domingo reciente 10 de agosto ppdo de La Nación. Se rotula «Los días de Gardel en París» y se debe a la artista argentina -que de familia y nacionalidad francesa Patricia Belieres-, se muestra superfluo sugerir su lectura.
En el entendimiento de que figuras como la de Gardel no se agota, nos autorizamos a incorporar a lo que llevamos inserto en este trabajo, la referencia de la realidad que se percibe en Internet y que nos muestra a dos tenores (en estos momentos en la cúspide del bel canto, Tetelman y Chacón Cruz) que desde su altura incluyen en su florilegio a tangos que reconocen autoría en nuestro más alto vate y cantor del orillero manantial.
Fuente: Dres. Diorio y Alongi